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lunes, 1 de febrero de 2016

Y POR FIN LLEGÓ EL DÍA!

Si durante la semana anterior y los días previos nos hubieran avisado de la climatología que íbamos a tener, en el caso de haber apostado, hubiéramos perdido todos. Afortunadamente el reto “No hay huevos” contó con la inestimable ayuda del tiempo. Eso sí!, como decía uno de los bikers que vino, estas condiciones climatológicas convirtieron el día en una jornada de marcha “clásica” de btt, un día de disfrutar acompañado de otras personas y amigos que compartimos la pasión por la bicicleta de montaña. Sin prisas, con un ambiente extraordinario y mimados por un grupo de personas que nos acompañó durante toda la excursión y que elevaron esta marcha a una categoría especial: la del hermanamiento sincero.

Comenzábamos bien, parada del autobús en Lerma, puntual, e inicio de nuestro viaje hacia Burgos. Aquí no hubo pega porque gracias al detalle de las personas que salían desde Lerma las bicicletas estaban ya cargadas desde el día anterior.

A las siete menos diez llegamos a Burgos viendo un panorama que asustaba. Un parking repleto de coches y muchas personas esperando para cargar sus bicicletas. Otro gran detalle por parte de todos los participantes, ya que se pidió puntualidad y la gente lo respetó. Tras cargar con mucho cuidado todo lo que restaba, salimos hacia nuestro punto real de partida, Belorado.

 

 
El club Belphorado BTT y el Club de Fútbol Belorado lo tenían todo preparado. Las mesas para el registro de los participantes, que todos estuviéramos a gusto y ayudando a la descarga de las bicicletas. Además, tenían preparados chocolate y bizcochos ¡qué más se puede pedir!. El equipo de organización y avituallamientos fue: Oscar Arceredillo, Juanjo Alcalde, Lourdes Barrón, Lydia Alonso, Javier García, Hugo Crespo, Gonzalo Alonso, Marino y Javier Alonso. A todos ellos, ¡muchísimas gracias!

Tras la foto de rigor, empiezan los sonidos de pedales, calas y bicicletas en formato: “empecemos despacio que queda mucho”. Salimos nerviosos, pero las sonrisas acompañan a todos los participantes. El día ya nos anuncia que dejará transcurrir la marcha sin molestar, al contrario, ha decidido respetar y mimar esta primera edición. Vamos cruzando los pueblos que salpican el Camino de Santiago: Tosantos, Villambistia, Espinosa del Camino y Villafranca. Desde éste último comienza la primera de las barreras a superar, subir el tramo que alcanza la zona de la Pedraja en los montes de Oca. La subida nos lleva por la carretera de subida al pantano, pero antes de llegar al embalse del Alba giramos bruscamente a la derecha y nos encontramos el último repecho que da acceso a la zona de los pinares.
 
 
Tras esta subida el resto del camino no tuvo misterio, se trató de rodar cómodamente disfrutando de los olores y de lo que nos rodea. Hay más barro que el día que vinimos a revisar el camino, pero sabíamos que esto era inevitable.

En Villasur nos recibe la hospitalidad hecha persona en uno de los concejales del Ayuntamiento. Su sonrisa y su buen hacer añaden un extra a la situación que han creado las personas que nos van acompañando para montar cada punto de avituallamento. A nivel de organización habíamos planteado 20 minutos por avituallamiento salvo el de la comida que serían 30. Sin apenas darnos cuenta el tiempo ha transcurrido y tras los avisos nos ponemos de nuevo en marcha. Las ochenta personas que estamos en la Plaza damos la sensación de ser una marcha mucho más numerosa. Con el sol sobre nosotros y una temperatura tan agradable las conversaciones se centran prácticamente en la anécdota de la climatología.
 
 
La siguiente parte de nuestra aventura nos hará recorrer la zona de la dehesa de Urrez y la zona oriental de la Sierra del Mencilla. El comienzo no tiene dificultad ya que se trata de una recta que pica un poco hacia arriba con algo menos de 2 kilómetros. Con un quiebro hacia la izquierda se presenta otra de las dificultades de esta marcha, las rampas de la dehesa de Urrez. Aquí ya se empieza a acumular algo de cansancio y la gravedad hace de las suyas “tirando” de nosotros. Una vez arriba volvemos a reagruparnos y comenzamos la bajada hacia Urrez. En esta localidad nos encontramos de nuevo la furgoneta de apoyo que ayudó a completar, a quien necesitó ayuda, este tramo entre Villasur de Herreros y Palazuelos de la Sierra.
 

 
La pista elegida nos llevaría por unos paisajes preciosos donde en ocasiones uno parece verse en un documental de la 2 en la tundra de Siberia. Matalindo y Cabañas serán las dos localidades que atravesamos para alcanzar el desvío hacia Palazuelos. Este tramo, desde el desvío hasta Palazuelos de la Sierra sería el que mayor cantidad de barro y que peor estaba para recorrerlo con la bicicleta.

Después de estos dos kilómetros incómodos llegamos a nuestro siguiente punto de encuentro: La Plaza Mayor de Palazuelos de la Sierra. Aquí el Ayuntamiento nos ayudó con algo fundamental, una manguera para poder limpiar el barro acumulado previamente. En la cantina se encargó un caldo y café, y el cantinero hizo las delicias de nuestros paladares con una sopa de setas y un café deliciosos. Desde luego un apartado, el gastronómico, que habrá que estudiar en el futuro. Aquí ya tenemos un punto de referencia. Con el estómago satisfecho y pensando en lo que debíamos subir, contemplamos con asombro el termómetro que refleja la temperatura más alta que disfrutamos: 21 grados.
 
 
 
 
Cruzar la Sierra del Mencilla por este sector de los molinos es bastante “intenso”, no es el punto de mayor altura. Pero alcanzar la zona que da el acceso más cómodo a la Tierra de Lara pone las piernas a prueba. Salimos de la Plaza con la intención de completar este tramo, Palazuelos de la Sierra – Cubillejo, sin un desgaste muy elevado y garantizarnos la llegada a Lerma. La primera subida nos deja contemplar y disfrutar de la dehesa de Palazuelos y lo siguiente es la “mágica” subida a los molinos de viento. Hay unos pocos valientes que consiguen alcanzar la cota de los molinos sin poner el pié en el suelo, pero la mayoría terminamos de subirlo andando y acompañando a pie a nuestras monturas.

 
Después llegaría Mazueco, Paules de Lara y la subida al castillo de Lara. Esta parte de la provincia, Tierras de Lara, nos traslada por sus paisajes y estampas a época medieval. Es un paisaje soberbio. El grupo iba rápido, las pistas y caminos permiten hacerlo. La subida al castillo ya es otra cosa, se hace un poco dura, pero las piernas todavía deciden acompañar a los participantes. Con una parada técnica antes de Quintanilla de las Viñas el grupo se lanza de nuevo hacia Cubillejo donde tenemos programada la comida. Desgraciadamente en el enlace de carretera que nos llevaba desde la ermita hasta el cruce con el camino a Cubillejo sufrimos un accidente. Afortunadamente leve, pero fue una pena. El coche de apoyo hizo un trabajo extraordinario en este caso también. El tener las furgonetas junto a nosotros casi todo el tiempo facilitaba mucho el trabajo de ayudar a los que por problemas técnicos o físicos decidieron ir retirándose.

Cubillejo era ese sitio al que si todo iba bien permitía pensar que ya quedaba poco. El almuerzo fue una degustación de tortilla y jamón con pastelitos, algo de fruta y bebida isotónica. Este rato nos lo tomamos con calma. Creíamos que con media hora podía ser suficiente y así la gente no se quedara fría. También era importante que tampoco las esperas se hicieran muy largas endureciendo el trayecto. Según el horario que nos habíamos planteado, la llegada fue con unos minutos de antelación sobre la hora prevista y esto ayudaba a tener la calma con la que disfrutamos del momento. En Cubillejo estábamos todos juntos: las tres furgonetas de apoyo, el todoterreno de cierre, voluntarios y los ciclistas que disfrutábamos de la jornada. También podíamos disponer de las mochilas que denominamos “intermedias”, con la ropa de cambio a mano y hacer los últimos kilómetros con ropa seca.




Seguimos el horario y comenzamos todos con la sensación en las piernas del: “ya queda poco”. Continuamos por la pista que nos da acceso al Alto de Mazariegos, donde nos esperaba el autobús por si hubiera alguna persona que quisiera retirarse. No son muchos los que lo hacen y la mayoría comienza a apretar la dentadura para hacer la última subida fuerte del día, la de la Sierra de las Mamblas. Como ya comprobáramos días atrás las vistas que ofrece este punto son extraordinarias y poder rodar con las vistas que nos acompañaban fue un lujo.

Superada esta barrera la llegada a Mecerreyes no tiene ningún misterio porque es todo bajada. De nuevo un bosque nos rodea y absorbe nuestra mirada. Los olores nos hacen olvidarnos de lo que supone dar pedales y el silencio que rodea todo hace del momento un instante mágico.

En Mecerreyes no paramos, habíamos avisado del peligro que hay a la hora de salir a la carretera y alertado del riesgo de este punto a los participantes para que no hubiera problemas ni accidentes. Como siempre se hizo un gran trabajo de quien nos acompañaba con las furgonetas de apoyo. Ellos estuvieron atentos, vigilaron  la salida de los ciclistas y estuvieron controlando el cierre de la marcha.

Ahora le tocaba deleitarnos al río Arlanza y su Valle con los paisajes que ayudaron a disfrutar y hacer más cómodos estos últimos kilómetros. Aquí ya era más evidente la alegría de saber que la meta estaba cerca.

Santa Inés fue la última parada obligada. Otro lugar donde la acogida fue excelente. Como en anteriores ocasiones el avituallamiento estaba preparado y ya simplemente nos quedaban 6 kilómetros. Decir que en este punto se unió un vehículo de apoyo de los voluntarios lermeños.
 

 
Llegar a Lerma fue una sensación fantástica, el reto estaba superado. La última cuesta, la de la calle Mayor, ya no costaba. Cuando llegamos al final de la subida se presentó ante nosotros el Palacio Ducal y esa plaza tan maravillosa. Pero para llamativo, la recepción. El Ayuntamiento nos había dejado una zona de la Plaza reservada y allí nos esperaban unas sopas de ajo buenísimas que hicieron las personas que nos ayudaron a desarrollar la prueba desde Lerma. A todos ellos y a los que estuvieron pendientes desde el primer momento ¡MIL GRACIAS!.




 
Esta marcha surge desde la inquietud de un grupo de personas de Belorado y Lerma por sacar adelante un proyecto que nos ayude a promocionar nuestros pueblos y el valor de las personas que lo habitan. Queríamos poner en común una idea que despertara algo de ilusión entre aquellos municipios por los que pasa la marcha y así, entre todos, crear un proyecto que suponga el hermanamiento de una serie de pueblos que ambicionan demostrar que no hace falta viajar muy lejos para descubrir que tenemos paisajes y patrimonios muy parecidos a los que buscamos en otros rincones del mundo y estos están muy cerca de casa. En el futuro seremos más pueblos y personas con ganas de hacer inolvidable un reto, una aventura, a todos aquellos que deseéis compartir con nosotros una nueva edición de este evento deportivo que se llama: MARCHA ¡NO HAY HUEVOS!.